Aborto posible.*

Category: By Nata *
Qué tiranía
Pensar en traerte a este mundo
Sin tu consentimiento,

Si estuvieras en mi vientre
Y yo te diera
Al inevitable oxígeno,
A la luz,
Al frío,

Si te espera lo cruel y lo impasible,
Lo falso y lo áspero,
La contaminación acústica,
la suciedad en las calles,
La crisis económica, el precio del petróleo,
el pan de cada día,
El sol en las pupilas,
Esa desagradable
Mancha en el mantel,

Mejor estar caliente, así dormido,

Para qué ver el Mundo, para qué
Entregarse a la Vida sin tapujos,
Si luego todo es la tostada del desayuno,
La muerte en los periódicos, la factura
Telefónica,
Pasarela Cibeles, hambre en Ruanda,

Y a pesar de tanta atrocidad,
me puede
Esa esperanza última, la Redención,
El milagro
Que es esta debilidad egoísta de quererte
Antes incluso de la posibilidad

De tu existencia.


Con este poema participo en el segundo Concurso de Poesía de Heptagrama

 


si mirais el dibujo mucho rato vereis la cara del Brat Pit sonriendo

By un par de melones
 


Invierno y Primavera

Category: By Oruga Azul
Él y ella sentados, frente a frente. Una pequeña mesa los separa. No hablan. Él bebe cerveza. Ella un zumo, emplea una pajita al revés (la parte doblada se sumerje en el contenido del vaso y ella sorbe por la rígida). Tabaco sobre la mesa; el paquete está ligeramente inclinado porque bajo él se esconde un discreto mechero. También hay un plato con restos de patatas con alguna salsa. No comen. No hablan. Yo los miro, solo, desde una mesa cercana. Sobre nosotros, sólo las estrellas.

Cinco minutos antes...
Estambul. Nueve de la noche. Paseo por la calle Istiklal, que parte de la plaza de Taksim (uno de los corazones de la macrourbe) y se pierde en el horizonte, allá abajo, inundada de gente. En términos madrileños es como juntar la Gran Vía (Istiklal) y Tribunal (los cientos de miles de bares que hay en las calles afluentes). Escojo un bar, al azar, moviéndome en zigzag por un lugar que apenas conozco. Y subo a la azotea...

Él y ella sentados, frente a frente. Una pequeña mesa los separa. No hablan. Él bebe cerveza. Ella un zumo, emplea una pajita al revés (la parte doblada se sumerje en el contenido del vaso y ella sorbe por la rígida). Tabaco sobre la mesa; el paquete está ligeramente inclinado porque bajo él se esconde un discreto mechero. También hay un plato con restos de patatas con alguna salsa. No comen. Ella dice algo, muy seria. Él responde brevemente. De nuevo silencio. Él mira el fondo de su copa. Ella sorbe por su pajita, que sigue del revés.

Dejo de mirarlos un instante y atiendo a mi jarra de cerveza. ¿Sólo en Estambul y apenas escribo? No tiene sentido...

Él y ella sentados, frente a frente. Una pequeña mesa los separa. No hablan. Él bebe cerveza. Ella un zumo, emplea una pajita al revés (la parte doblada se sumerje en el contenido del vaso y ella sorbe por la rígida). Tabaco sobre la mesa; el paquete está ligeramente inclinado porque bajo él se esconde un discreto mechero. También hay un plato con restos de patatas con alguna salsa. No comen. Él habla; más tiempo esta vez. Ella responde con apenas dos palabras. Lo cierto es que mi turco no es tan bueno como para saber qué carajo dicen. Me lo invento.

Él se llama Invierno. Ella, Primavera. Se conocen desde hace tiempo, bastante, tal vez cuatro o cinco años. Eran amigos de amigos comunes que ahora se han esfumado; sólo quedan ellos. "Te quiero", le dice; y apuesto a que es cierto porque ha dejado a su pareja con el único propósito de ser libre y decirlo. Pero ella utiliza al revés la pajita, bebe, y no dice nada. "Te quiero, Primavera. Te quiero...". Ella deja de beber, él espera respuesta. Silencio. "¿Qué sucede?". Él no se ha dado cuenta: ella utiliza la pajita al revés. "Soy lesbiana", dice ella. Y se hace el silencio. Un silencio largo. Tal vez más largo. Así. "¿Lesbiana?¿Tú? No... No... No sé... No me esperaba una respuesta favorable, pero...". "Sí, soy lesbiana". De nuevo silencio. Laaaaargo. Más largo. Me da tiempo a beber dos o tres veces. "A... a mí eso... bueno... tampoco me importa...". Ella no responde, no hace falta; es lesbiana y no necesita besar al que considera su mejor amigo para asegurarse. Lo siento por Invierno; tal vez no debió haber dejado a su chica...

Él y ella sentados, frente a frente. Una pequeña mesa los separa. No hablan. Él bebe cerveza. Ella un zumo, emplea una pajita al revés (la parte doblada se sumerje en el contenido del vaso y ella sorbe por la rígida). Tabaco sobre la mesa; el paquete está ligeramente inclinado porque bajo él se esconde un discreto mechero. También hay un plato con restos de patatas con alguna salsa. No comen. No hablan. Yo los miro, solo, desde una mesa cercana. Sobre nosotros, sólo las estrellas.

Me termino mi cerveza, pago y vuelvo a casa. Me quedo con las ganas de preguntarle a esa chica por qué usa al revés la pajita. A cambio, tengo una historia:

Él y ella sentados, frente a frente. Una pequeña mesa los separa. No hablan. Él bebe cerveza. Ella un zumo, emplea una pajita al revés (la parte doblada se sumerje en el contenido del vaso y ella sorbe por la rígida). Tabaco sobre la mesa; el paquete está ligeramente inclinado porque bajo él se esconde un discreto mechero. También hay un plato con restos de patatas con alguna salsa. No comen. No hablan...
 


Kedilerin kenti ("La ciudad de los gatos")

Category: By Oruga Azul
Que la ciudad de los gatos estuviera lejos de casa no nos pareció un problema cuando decidimos ir a visitarla. Tampoco éramos alérgicos a sus habitantes, así que nada nos impedía ir.
Éramos un grupo grande. Diez personas más o menos. Amigos, amigos de amigos y desconocidos que pasaban por allí. Y los primeros días disfrutamos visitando una ciudad que por todas partes olía a pienso, una ciudad en la que era imposible ver un perro o comer una hamburguesa que no fuera de pescado, una ciudad en la que los habitantes se duchaban en el metro o en la acera y donde era imposible mantener la ropa sin un pelo adherido.
Si uno se encontraba en la hora precisa en el punto adecuado (una de las colinas de la ciudad, por ejemplo), era posible oír los maullidos de las gatas en celo, consiguiendo un concierto en dolby y una buena vista a cambio de un simple paseo cuesta arriba.
Nos pareció extraño, eso sí, que no hubiera más turistas. Pero tampoco nos disgustaba la idea de tener la ciudad para nosotros.
Pero esto que cuento fue sólo el principio... Hace dos días, ella y yo nos despertamos. Estábamos solos. En el hotel, en las habitaciones de nuestros amigos, sólo encontramos gatos (negros, atigrados, naranjas, grises...) enroscados en las camas, sobre las camisas recién planchadas, o encima de las maletas. Sus teléfonos móviles sonaban mezclándose con los maullidos.
Aún así ella y yo disfrutamos. Pero ayer por la mañana, al despertar, ella no estaba. Y una preciosa gata blanca de ojos azules y amarillos arqueó su lomo a los pies de la cama y se marchó, por la ventana, saltando de alféizar en alféizar.
Ahora estoy solo. Solo en la ciudad de los gatos. Donde los gatos conducen los coches y sirven en los restaurantes. Donde compran billetes de autobús y comida rápida. Donde se escribe en gato, se lee en gato, y se habla con maullidos...
Bienvenidos, si venís, a la ciudad de los gatos. Aunque tal vez para entonces yo también sea un minino.
 


Literatura.*

Category: By Nata *
Y yo sigo llamándote también;
Quizás con otras siglas
o una caligrafía diferente, te reinvento
desde el abominable
epicentro de tí mismo,
gritando
-tal vez sea torpemente
o tal vez porque no puedas escucharme,-
y buscando
-como a tientas,-
algún pedacito de cordel amarillo, o violeta,
o quizás una pista
o una luz de pisadas que me indique
otro sendero de regreso
hacia el lugar donde una vez nos encontramos.

Pero es inútil, y es vano porque sé
que ese emplazamiento está en la palma de mi mano,
en el mapa de mi mano
o en la curva de mi espalda, o en el puente
-los puentes, esos eternos no-lugares,-
de la planta de mi pie.

A veces

-y cuando digo A veces son de esas veces
extrañas, impensables,-
te confundo con los Otros,

espero
-con la particular creencia
que tengo de esperar,-
a que te manifiestes
en un dedo, o en un labio;

Pero también en otras ocasiones
-y éstas son más comunes,-

cansada de mí misma, espero a que te arrojes hacia mí,
a la velocidad violenta
de un relámpago, o de un ave,
y yo no tenga tiempo -confundida,
despeinada,-
de hacer literatura.*
 


Aunque no lo sepas *

Category: By Nata *
He de decir que es lo primero que escribo en meses, últimamente hay carencia de inspiración, o de lo que sea... :)

Aunque tú no lo sepas, me he inventado tu nombre
me drogué sin recetas y he dormido en los coches;
aunque tú no lo entiendas, nunca escribo el remite en el sobre
por no dejar mis huellas...

Enrique Urquijo y Quique González
Aunque tú no lo sepas, a veces te odio tanto
Apesto a odio hasta los codos, y a rencores
A frialdad de tus gestos,
a insipidez profunda en tus palabras;

aunque tú no lo sepas hay momentos
en los que desearía no conocerte,
poder desdibujarte en mi memoria,
quisiera despertar una mañana ya sin ojos,
para no volver jamás a contemplar tu mirada,
arrancarte de mí
desde lo más profundo en las entrañas;

puede que no lo entiendas, pero a veces
espero ese momento en que te marches, ese instante
en que de pronto, y sin excusas
te alejes de mi vida para siempre

para no verte nunca, y dejar de cargar, al fin,
con ese lastre que llevo a las espaldas;

pero lo sabes.

Y entonces sé también que eres consciente
De que a veces quisiera gritarte las miserias
hasta quedar sin voz,
De que desearía tanto esa posibilidad
de sostener tu mano unos segundos

y comprobar sin miedo
que tal vez exista un lugar imposible
donde permanezcamos
unos minutos sin mentiras ni corazas
un rincón de pureza que asegure la verdad en que creo:

que tú eres tú, pero que tú también eres el otro

esa otra persona que está sin estar, pero que existe,

que me mira sin simulacros

desde tus mismos ojos

y me habla con otra voz

desde tus mismos labios.*
 


By un par de melones

nada raro por aqui